Este curso en Legiland contamos con alumnos de diferentes carreras que están realizando sus prácticas académicas con nosotros. Precisamente, hoy compartimos con vosotros el artículo que ha escrito Enric Coello, estudiante de último curso d’Estudis Literaris (UB).

Fomentar los clásicos, o cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar a Bulgákov

Los denominados clásicos son una de las grandes preocupaciones a las que hay que enfrentarse a la hora de inculcar el amor por la lectura entre jóvenes. Y es que se trata de uno de los grandes pilares de la aportación de la literatura en su conjunto a nuestro acervo cultural y son obras que, por su universalidad, siempre aportarán a la formación del lector dispuesto a enfrentarse a sus páginas. Tristemente, en la distopía posliteraria en la que vivimos cada vez resulta más difícil interesar por la lectura y la mayor parte de jóvenes lectores padecerá sudores fríos ante la mera visión de una obra como el Quijote

Por ello, desde Legiland queremos proponer algunas estrategias a la hora de fomentar el interés por estas obras: 

Seleccionar el libro correcto

El punto más importante y obvio. Pese a todos nuestros buenos deseos, es una realidad que no todos los libros son para todo el mundo. Por ello cada profesor deberá evaluar hasta qué punto está preparada una clase para leer ciertos libros y qué interés podrán llegar a tener en ellos. Una buena táctica podría ser una gradación: si podemos leer tres libros al año, por ejemplo, podríamos presentarlos en orden ascendente de dificultad. Podríamos empezar con obras como El principito o Sherlock Holmes, para luego pasar a El guardián entre el centeno o 1984 y acabar con Madame Bovary o La Regenta

Otro elemento que puede ayudar es la adaptación cinematográfica: si se selecciona una obra que haya gozado de adaptaciones el alumno verá que ya se encuentra familiarizado con ella o que tiene una vía de entrada fácil para hacerlo.

Quitarle el miedo

Uno de los factores que más puede desalentar a un lector potencial es la concepción de los clásicos como obras farragosas de lenguaje indescifrable. El primer paso entonces deberá ser cambiar esa concepción y hacer entender que un clásico no solo lo forman un conjunto de sesudas reflexiones sobre la existencia, sino que muchos de ellos son libros entretenidos con tramas apasionantes, personajes entrañables o mucho sentido del humor. Se puede abordar el Quijote no como crítica social o reflexión metaliteraria sino como novela de aventuras llena de situaciones absurdas, o Cien años de soledad no como novela total que refleja un siglo de transformación latinoamericana sino como una madeja de amores, traiciones, guerras y venganzas que no tiene nada que envidiar a Juego de tronos.

Del mismo modo, se debe hacer entender que el estilo no siempre supone la barrera que muchos estudiantes creen: hay obras más difíciles que otras, desde luego, pero es importante darles tiempo suficiente para encontrar su propia manera de leer y de enfrentarse a las distintas maneras de escribir, hacerles entender por qué el autor busca un estilo determinado y, sobre todo, estar siempre abierto a ayudar en la lectura solucionando dudas y proporcionando herramientas para la comprensión.

Establecer una conexión libro-emoción/vivencia

Afrontemos que la importancia de la literatura en la vida de un adolescente es mínima: después de clase volverán a los amoríos, amistades y demás elementos de su universo. Intentemos entonces introducir la literatura como espejo de ese universo aprovechando la mentada universalidad de los clásicos para poder establecer una conexión entre el mundo de los libros y el de los estudiantes. Dejando de lado El guardián entre el centeno como obra que quizás mejor haya reflejado la adolescencia, ¿por qué no introducir Platero y yo como reflexión sobre la amistad? Orgullo y prejuicio es, desde luego, una de las novelas por antonomasia sobre el amor y El extranjero es un buen reflejo de la angustia existencial que planea sobre todo adolescente. ¿Y El gran Gatsby como reflejo de un mundo en fiesta constante y sus alegrías y sinsabores? O también podemos buscar referentes más palpables y actualizados para señalar la importancia de la literatura medieval en la música de Rosalía o la influencia de obras literarias como la Divina Comedia, El corazón de las tinieblas o la obra de Lovecraft en el mundo de los videojuegos, siempre omnipresente entre jóvenes. Lo importante es encontrar un punto de referencia que nos permita anclar el libro a las experiencias cotidianas a las que se enfrentan los alumnos, de modo que este pueda hablarles a nivel personal.

Hacerles comprender su importancia

Es importante que los alumnos sean capaces de entrever hasta qué punto la literatura puede ser influyente en la vida y la sociedad, o cómo puede hacernos reflexionar acerca del mundo en el que vivimos hoy en día. Podemos coger la posverdad de 1984 para hablar de la situación política que vivimos hoy en día, usar La metamorfosis para ilustrar el cambio en los valores familiares que podría reflejar la suya propia o hacer ver como en la Ilíada se encuentra el germen de todos los elementos que conforman la manera de crear ficción desde Cervantes hasta Netflix.

Fomentar la curiosidad por el autor

En muchos casos la figura del autor es completamente inseparable de su obra. Y, admitámoslo, la figura del poeta maldito vende. Así pues, a la hora de introducir un clásico es buena idea dedicar tiempo a hablar del autor, su vida y, especialmente, todos aquellos episodios que podrían fomentar la curiosidad de un grupo de adolescentes: hablemos de Poe y su alcoholismo para introducir el género gótico, del suicidio de Virgina Woolf y su vida de mujer torturada buscando la liberación, de la depresión de Larra y cómo se entrevé en sus artículos, de la carrera de soldado de Cervantes y su participación en una de las batallas navales más importantes de todos los tiempos. No subestimemos los elementos morbosos a la hora de introducir una fascinación por la figura del autor que pueda redirigirse a su obra, y fomentar la curiosidad por saber qué tenían que decir estas figuras a través de su literatura.

Texto de Enric Coello, alumno d’Estudis Literaris.