Nuestra estudiante en prácticas de último curso de Estudios Literarios de la UB, Lidia Salido, nos comparte un artículo interesante sobre la escritura colaborativa, qué es, cómo la trabajan algunos autores y cómo se puede llevar a la práctica en el aula.

La escritura colaborativa, también llamada ‘a cuatro manos’, es un tipo de escritura en el que participa más de un autor en la creación del texto. Si bien las nuevas tecnologías han facilitado mucho esta forma de escritura, las obras escritas por dos o más autores están presentes en los cánones de literatura universal más habituales. Algunas veces, los escritores se unen para un sólo proyecto literario, mientras que otras son compañeros para varias obras. Escribir en colaboración no quiere decir que un escritor no pueda desarrollar también sus propias obras. Charles Dickens, por ejemplo, publicó tanto de forma individual como colectiva, ya que escribió varios libros junto a su amigo Wilkie Collins. 

En el panorama de la literatura infantil y juvenil nacional de los últimos años han florecido varias parejas de autores que escriben a cuatro manos. Con todo, escribir de forma colaborativa no conlleva un mismo método de creación. El proceso de creación de una obra pasa por varias etapas antes de iniciar la escritura propiamente dicha: idea, documentación, escaleta, descripciones y/o diálogos provisionales… Son procesos por los que pasa cualquier autor, ya escriba individualmente o a cuatro manos. El quid de la escritura colaborativa está en hallar un sistema que funcione armónicamente para la pareja de escritores. Y aquí no hay ninguna norma, sino que cada tándem debe encontrar su equilibrio y la forma que mejor les convenga para trabajar. 

Iria G. Parente y Selene M. Pascual son dos escritoras que escriben y publican juntas desde hace varios años. Entre sus obras más destacadas se encuentra la Saga Marabilia, la trilogía de Secretos de la Luna Llena o Rojo y Oro. Salvo en una de sus bilogías, todas sus novelas, ya sean independientes o pertenecientes a una saga, están narradas en primera persona. Una vez creados los personajes, escriben una escaleta en forma de diálogo donde van apuntando las acciones principales de los personajes. A la hora de ponerse a escribir una novela, parten de esa escaleta para repartirse los personajes narradores. Así, cada una de ellas escribe los capítulos en los que narran sus personajes, cuyas voces se van alternando en la estructura del libro. Para las novelas en las que escogieron una narración en tercera persona, cada una de ellas escribió las partes que se centraban en los personajes que se habían repartido previamente. Es decir, dentro de un mismo capítulo podía haber párrafos escritos por Parente y otros por Pascual. 

Geòrgia Costa y Fer Alcalá, autores de la trilogía de La Segunda Revolución y Buenas hermanas (un retelling de Mujercitas), utilizan un método distinto. Preparan juntos todo el material que necesitan antes de iniciar la escritura: documentación, descripciones, resúmenes, diálogos preliminares…  Sin embargo, a diferencia de Iria G. Parente y Selene M. Pascual, Costa y Alcalá no escriben personajes separados, sino que escriben las partes que mejor controlan. Esto es, normalmente, Alcalá es el responsable de escribir las partes narrativas más reflexivas, mientras que Costa se encarga de las narraciones con más acción, como por ejemplo, peleas o enfrentamientos. 

Una tercera opción de escritura colaborativa es la que utilizan Ana Alonso y Javier Pelegrín, autores de Odio el rosa o la saga Yinn. A pesar de que sigue siendo una escritura a cuatro manos, cada uno de ellos se encarga de una parte diferente del proceso. Así, uno escribe todas las bases necesarias para la novela (escaleta, diálogos, escenas importantes) y el otro escribe el libro entero a partir del trabajo de su compañero. 

Sea cual sea la forma elegida para escribir sus novelas, todos los autores corrigen el texto en su totalidad: tanto las partes que han escrito ellos como las de sus compañeros. Así se consigue un estilo homogéneo y uniforme en toda la novela. En las revisiones, los autores deben tener en cuenta que lo que han escrito ellos es susceptible de cambiar, ya que el texto final es resultado del consenso entre cada una de las partes del binomio. 

La escritura colaborativa es un buen ejercicio que se puede realizar en el aula para que los alumnos sean conscientes de su propio estilo y para que puedan aprender nuevos estilos en el momento de compartir la escritura con otra persona. En esta actividad, los estudiantes deberán debatir y consensuar los puntos clave para la escritura de su texto. Es un ejercicio con el que se puede fomentar el trabajo en equipo y que les ayudará a ampliar sus conocimientos, pues el texto será resultado de la experiencia y dedicación de todos los miembros del grupo. Mientras que las actividades de escritura individual ayudan a expresar la voz propia del alumno, con la escritura colectiva pueden aprender a expresarse a través de una voz coral, con todo el trabajo colaborativo previo que ello implica.

Legiland se ha sumado a la escritura colaborativa y ha lanzado recientemente su reto de Escritura Colectiva. En este desafío, los alumnos tienen la oportunidad de escoger la continuación de una historia que irá escribiendo el autor Víctor Panicello según sus elecciones. A través de esta actividad los lectores tendrán la oportunidad de descubrir más sobre el proceso de creación y edición de un libro.

Texto de Lidia Salido, alumna de Estudis Literaris

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